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La poda del roble centenario, un día lleno de emociones

Publicado el 20 10 2016       Etiquetas: , ,

Emoción, melancolía, tristeza, orgullo, paz, alegría.Una mezcla de sentimientos nos invaden hoy. Cada rama y cada raíz del roble significa mucho para todos. Nuestro roble centenario ha sido y será parte de la historia de un pueblo, de una familia, de unas tierras y de una bodega. Un símbolo que murió el pasado mes de abril pero que sigue vivo para muchos de nosotros.

El roble de Raventós i Blanc tenía más de 500 años

El ruido de la sierra se nos hace insoportable a los oídos para todos los allí presentes, es como una pesadilla que queremos termine pronto. Un equipo se dispone a limpiar sus ramas bajo la atenta mirada de un escultor, Joan Amat y Manuel Raventós.

Emoción. Después de que cayera en el 2009 y su muerte el pasado Abril este era un paso que se debía dar, sus ramas más secas podían interferir en la conservación de su tronco que permanece intacto y era recomendable cortarlas.

Más ruido y caída de troncos. Unos más pequeños otros de un gran tamaño. Es necesaria una polea para llegar a muchos de ellos.

Melancolía. Aún deja entrever su poderío con sus largas ramas y rudas raíces que se intuyen bajo tierra y que cuidaron bien las 21 generaciones que lo han vivido. Llegó a medir más de 10 metros. Era majestuoso, imponente y poco ya es lo que queda de él.

Roure de Raventós i Blanc

Tristeza. Entendemos las reglas de la naturaleza, respetamos el ciclo de vida pero se nos hace duro aceptar que ya no volverá a presidir la plaza que fue construida por él y para él como epicentro de la bodega.

Sus ramas hechas trizas van cayendo sobre el césped. El contraste del verde de la vida con el marrón oscuro es abrumador.

Orgullo. Un halo de orgullo nos invade al pensar que durante más de 500 años ha preservado los sueños, los proyectos y nuesrta manera de hacer. Un testigo y discreto fiel que se convirtió en nuestro símbolo,y la arquitectura de la bodega, fue un espacio dedicado y pensado para él; para después convertirse  en el logotipo de esta bodega.

Llega la calma a la plaza donde yace su estructura. Más de dos horas de suplicio para los allí presentes.

Paz. Aún contemplando lo que queda de él, en silencio, se escuchan los susurros de los secretos que ha albergado bajo sus ramas cuando a principios de 1800 mucha gente del pueblo se sentaba bajo él. Muchos eran los que lo escogían como sitio idóneo para pedir la mano a sus futuras espososas.

Alegría. Su herencia es, además de los 5 hijos que ya le rodean y lucen fuertes y vivos a día de hoy, sin duda nuestra memoria.

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