Can Sumoi

Recibir visitas en la finca siempre son buenas noticias. Hay quienes, a veces, te traen pasteles de la otra punta del mundo con etiquetas que ni siquiera eres capaz de entender, quienes te regalan las mejores de sus sonrisas y quienes pasan sin decir nada, pero al final – como todo en esta vida – te recompensan como los que más.

Este mes de febrero nos vinieron a visitar nuestros amigos y compañeros de pasión y profesión Mario Reyes, Agustín Garcia y Carlos González, de Vinófilos, distribuidora de vinos en las Islas Canarias. No queremos dejar perder la ocasión de compartir con todos vosotros –quizás- el regalo más preciado que una visita nos ha hecho a posteriori, aquí va:

Josep Mateu cumplirá pronto 82 años y podrá celebrarlo en la masía en la que nació en 1936. Pero sin duda para él será un cumpleaños muy especial. Su familia lleva arraigada a esta finca desde hace un siglo como “masovers” (algo así como medianeros de los antiguos propietarios) y él recuerda perfectamente en su infancia de posguerra que esta zona del Baix Penedès era un lugar lleno de vida, de trabajo y de esfuerzos. “La gent va anar marxant, però aquesta zona era molt rica en vinyes, en cereal i en oliveres”.

Aunque no se fía de sus piernas, apoyándose siempre en su bastón, su cabeza está perfecta. Enseguida te cuenta que en el 34 una “ventada” tiró la casa abajo y hubo que reconstruirla piedra a piedra. Creció en esa cultura del esfuerzo diario como cualquier payés de la zona. Ahora que el bosque ha ido ganando terreno a la viña, se aprecian entre los troncos de las encinas, los pinos blancos y altos robles, los viejos muros de piedra seca que en su momento el hombre construyó para facilitar en terrazas el cultivo de la vid. Su mirada expectante está más despierta que nunca.


La familia Raventós i Blanc ha comprado ahora esta finca abandonada a su suerte durante tantos años. Josep ha vuelto a ver la puerta abierta. Gente podando las viñas. Coches que suben y bajan por el estrecho camino de olivos. Y acude cada día junto a su perro Junsa, que también es anciano y también le cuesta andar, para verlo con sus propios ojos. Y lo explica todo. Lo recuerda todo. Quiere ser testigo de cómo Pepe Raventós y Francesc Escala van a recuperar este paisaje situado entre el pueblo de Sant Jaume dels Domenys y Pla de Manlleu. Ojalá pueda ver aún muchas vendimias.

Unas 400 hectáreas de terreno de las que 20 son viñedo y el resto bosque. Parellada, Xarel·lo y Sumoll. Con una cota máxima de unos 600 metros sobre el nivel del mar, orientaciones norte, sur, este y oeste en el caso de la Parellada. Tierra plagada de fósiles marinos datados en hasta 113 millones de años. La influencia del mar, presente al este. En días claros y sin viento se puede ver Mallorca y el Delta del Ebro desde Can Sumoi. Mientras recorríamos el viñedo todos imaginamos hacer una cata un atardecer de mayo, quizá junio, desde esta envidiable localización.

Esta finca existe desde 1645. Consta de una bodega principal con tres masías de finales del siglo XVIII donde antiguamente se elaboraba vino. La casa del masover y un corral. En este lugar, que Pepe Raventós lleva buscando desde hace años, comienza una nueva etapa para la familia. Pepe vuelve a sus orígenes para continuar con una labor de generaciones. Y consigue abanderar un proyecto cimentado en el respeto por el medio, las vinificaciones naturales y la biodinámica. A este respecto, asegura que hace lo que siente. “No soy un gran especialista en biodinámica pero observo el campo y veo cómo responde. Si aplicamos su metodología y en cuestión de pocos años veo que la tierra está más viva, hay más equilibrio y conseguimos mejores vinos, sigo aplicándolo. Claro que sí.”

Mientras recorríamos con Francesc el terreno pensé que esto era el embrión de algo grande.

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