Cuando todo vuelve a empezar

“Nuestro trabajo, en el fondo, es como el de un artista. Debemos obtener de cada parcela las mejores uvas y vino posible.” Así es como Pepe define su pasión, su trabajo. De esta manera empieza para nosotros la vendimia, ultimando bocetos y creaciones; el momento más esperado del año. El momento en que todo es posible.

Como cada año nuestra vendimia protagoniza momentos únicos, momentos para recordar. Aunque quizás el más especial, es aquel en el que todo el equipo de Raventós i Blanc nos reunimos para ir a vendimiar juntos los viñedos de xarel·lo más singulares y emblemáticos para nosotros: el “Clos del Serral” y “La Viña del Mas”.

Las parcelas son pequeñas, las cepas, únicas, viejas, extraordinarias y, por ello, necesitan un trato especial. Con mucha atención y delicadeza, entre todos, vendimiamos estas parcelas y, en poco más de dos horas, tenemos el xarel·lo vendimiado. Es el momento de trasladarlo en cajas de poca capacidad a la bodega, situada en medio de la finca donde, con mucho cuidado y horas de dedicación, hacemos una nueva selección manual de uva grano a grano.

Por su gran valor vitícola e histórico, ambas parcelas se trabajan durante todo el año 100% con tracción animal sin ninguna intervención de vehículo con motor. Pronto trabajaremos toda la finca de este modo, el mismo en que ya trabajaban nuestros antepasados. Y es que todo vuelve, como la sensación de pertenencia que año tras año sentimos todos al volver al Clos.

Para nosotros, esta ha sido la vendimia más temprana de la historia tal y como nuestros archivos históricos nos hacen saber. Nunca habíamos empezado a vendimiar tan pronto; la madrugada del 10 de agosto marcó el punto de partida de la Vendimia 2017; 15 días antes que el año pasado.

La alta pluviometría que tuvimos durante el otoño de 2016 y hasta inicios de primavera, y las temperaturas templadas de invierno, permitieron un buen crecimiento vegetativo de la planta y una brotación avanzada. Sin embargo, son los golpes de calor registrados durante julio y agosto los que marcan esta añada como extrema.

A pesar de la madre naturaleza – este año no ha sido benevolente –  el estado sanitario de la uva es perfecto, gracias a los trabajos vitícolas realizados durante todo el año agrícola. La vendimia es la culminación del trabajo de todo un año y, por ello, trabajamos toda la finca según los métodos de la agricultura biodinámica. Trabajamos con cubiertas vegetales espontáneas y sembradas y con compost obtenido de nuestros animales para conseguir un suelo vivo, fértil y una planta autoresistente; un suelo vivo es una planta viva, y una planta viva, una uva con personalidad.

Además, seguimos el calendario lunar para realizar los diferentes trabajos sobre la cepa, por ejemplo, podamos y abonamos en luna descendente, sembramos en luna ascendente y vendimiamos en día fruta.

Es sólo con este meticuloso trabajo realizado durante todo el año, que conseguimos extraer el máximo potencial de nuestros viñedos, creando unos espumosos de carácter único.

Nuestro objetivo y compromiso es siempre conseguir vinos que sean un fiel reflejo de la parcela, la variedad y la añada. Unos vinos que nos trasladen a su origen, Conca del Riu Anoia, un pequeño pedazo de tierra ubicado en un entorno único; un terruño sobre el cual Manuel Raventós Doménech, en 1928, ya reivindicaba su inmenso potencial: “Las firmas de la Champaña quieren defender que no hay terruño en el mundo que pueda hacer un vino espumoso mejor, ni tan bueno como el Champagne. Eso es completamente inverosímil, porque sería mucha casualidad que el invento casual de Don Perignon, justo se produjese donde hay el mejor vino para espumoso.”

Si el jueves 10 de agosto empezábamos, el miércoles 30 de agosto le poníamos fin; han sido 20 días intensos de vendimia en la finca. El trabajo está más que hecho, tocará esperar con paciencia y horas en la bodega, el resultado de esta añada sorprendente.

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