«No se trata solo de hacer tareas, sino de entender la viña y acompañarla»

Hablamos con David Casas, viticultor de Raventós i Blanc, en pleno momento de primavera en la viña. Con él, nos adentramos en esta época del año para entender qué está ocurriendo ahora en la viña y por qué la primavera es una etapa clave que marca todo lo que vendrá.

David lleva ya cuatro años trabajando las viñas de la finca, pero ha estado vinculado al trabajo de campo toda su vida, conociendo de cerca cada ciclo y cada decisión que se toma.

Hay dos trabajos que definen especialmente su pasión por la viticultura. Por un lado, la poda —de finales de noviembre a principios de abril—, un momento de silencio y concentración en el que cada corte obliga a observar, interpretar y decidir el futuro de la planta. Por otro, el trabajo con los preparados biodinámicos, que forman parte de su día a día y le permiten relacionarse con la viña desde una mirada más amplia, entendiéndola como un conjunto vivo.

 Desde esta combinación de precisión y observación constante, David acompaña la viña a lo largo de todo el año, adaptándose a lo que cada parcela y cada momento requieren.

Después del invierno, ¿qué pasa ahora en la viña?

La primavera es el momento en que todo vuelve a ponerse en marcha. Tras el reposo invernal, la viña despierta casi sin avisar: las cepas “lloran”, la savia vuelve a circular y empiezan a salir los primeros brotes. Es un cambio muy rápido y muy visible.

¿Es un momento clave del ciclo?

Sí, mucho. Acaba de empezar, pero ya se definen muchas cosas. Cada brote es una posibilidad, pero también una decisión que tendrás que tomar. Es un momento delicado, porque todo es muy tierno, pero al mismo tiempo la planta tiene mucha energía.

 La sala de biodinámica es uno de los espacios que más visita David

¿Cómo trabajáis la biodinámica en este momento del año?

La primavera es también un momento muy activo en biodinámica. Es cuando acompañamos este despertar de la viña y del suelo. Trabajamos mucho con las cubiertas vegetales, intentando gestionarlas para que ayuden a estructurar el suelo y a mantener la vida.

También es un momento de aplicación de preparados, sobre todo para activar el suelo y reforzar la planta en este inicio de ciclo. Todo se hace muy ligado al momento, a cómo está la viña y también al calendario, buscando intervenir cuando tiene más sentido.

Al final, no se trata solo de hacer tareas, sino de entender la viña y acompañarla.

Después de unos años de sequía, ¿cómo se presenta este ciclo?

Veníamos de un largo periodo de sequía que nos había obligado a priorizar la supervivencia y el equilibrio de la planta. El año pasado, sin embargo, fue un punto de inflexión, con una añada mucho más lluviosa que permitió recuperar vigor y reservas.

Este ciclo comienza en continuidad con esa recuperación. La viña responde bien, se muestra activa, y eso nos da margen para trabajar con mayor apertura. Siempre con criterio, pero con la confianza de que la planta vuelve a tener la energía necesaria para sostener lo que le pedimos.

David Casas, Joan Munné y Pepe Raventós, compartiendo miradas sobre la viña.

¿Hasta qué punto condiciona el futuro lo que hacéis ahora?

Mucho. Cada decisión que tomas ahora —cada brote que dejas o quitas, cada injerto— define la forma de la planta, su equilibrio y lo que acabará dando. Aún queda mucho camino, pero es aquí donde empieza todo.

¿Cómo definirías este momento del año?

Es un momento de estar muy encima. De observar, ajustar y trabajar con precisión. La viña marca el ritmo, y nosotros nos adaptamos a él.

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